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BREXIT

BREXIT

El próximo día 23 los ciudadanos británicos deciden en referéndum si continúan en la Unión Europea o encargan a su gobierno pactar una salida en los próximos años. Gran Bretaña, miembro de la Unión Europea desde 1973, ha sido siempre considerado como el país escéptico por excelencia, pese al indudable europeismo ddescargae varios de sus primeros ministros como Edward Heath o Tony Blair.

De hecho, el euroescepticismo es una constante en la opinión pública británica, algo que se ha traducido en un aumento de la intención de voto del nacionalista UK Independence Party (UKIP) en los últimos años. Las razones vienen principalmente del recelo a la pérdida de soberanía que implica el desarrollo de políticas europeas comunes (por ejemplo la pertenencia a la moneda única, de la que Gran Bretaña precisamente no forma parte) y la falta de control sobre la inmigración, que muchos británicos creen gestionarían mejor si no formaran parte de la UE.

Brexit es un término compuesto por las palabras Britain y exit (salida), inspirado en el Grexit de 2012 a propósito de la posible salida de Grecia del euro. En las pasadas elecciones generales el primer ministro James Cameron se comprometió a celebrar este referendum ante las presiones del sector euroescéptico de su partido (con el ex-alcalde de Londres Boris Johnson a la cabeza) así como del UKIP, competidor en votos de los conservadores. Al mismo tiempo, Cameron arrancó un acuerdo el pasado febrero con la Unión Europea que eximía a Gran Bretaña de avanzar en la unión política y ofrecía la posibilidad de bloqueo de políticas comunitarias. A cambio, el primer ministro defendería la permanencia del país en la UE.

Tienen derecho a voto todos los británicos mayores de 18 años, así como los ciudadanos irlandeses y de la Commonwealth residentes en Reino Unido y los británicos residentes en el extranjero desde hace menos de 15 años. Los ciudadanos comunitarios residentes en Gran Bretaña no podrán votar salvo irlandeses, malteses y chipriotas. La pregunta que se plantea es sencilla: ¿Debe el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o debe abandonar la Unión Europea? Las posibles respuestas pueden ser “permanecer” o “abandonar”. Se aceptará como ganadora la opción que consiga una mayoría simple y no se establece una participación mínima para que el resultado tenga validez.

Los sondeos publicados estos últimos días dan una ligera ventaja a los partidarios de la salida, que esgrimen que la independencia de las políticas de la UE otorgarían al Reino Unido mayores posibilidades de crecimiento económico y control de la inmigración ilegal. Los partidarios de la permanencia defienden que los ajustes que habría que llevar a cabo serían brutales para la economía del país, fuertemente golpeada durante los años de recesión. De hecho, a día de hoy no se ha fijado una estrategia o modelo a seguir en caso de que venzan los partidarios del Brexit, por lo que desde muchos medios se anuncia que la salida implicaría un salto al abismo de impredecibles consecuencias, no solo para la economía británica, sino para la de la Unión.

El resultado, por tanto, es difícil de predecir, teniendo en cuenta además el fuerte componente emocional de la cuestión que se intenta resolver. El único precedente existente es el referéndum de 1975 sobre la adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea, en el que los partidarios de la integración se impusieron con un 67 % de los votos. El 23 de Junio el resultado será mucho más ajustado a favor de una o de otra opción, pero las consecuencias de una posible salida abrirán la puerta a numerosos interrogantes, no solo sobre el papel de Gran Bretaña en Europa, sino sobre el futuro mismo de la UE.

Desde aquí queremos expresar nuestro sentido pésame a los familiares de la diputada laborista Jo Cox, brutalmente asesinada mientras hacía campaña por la permanencia en su circunscripción. Sea cual sea el resultado, deseamos que todas las cuestiones puedan resolverse de forma pacífica y civilizada, como corresponde en un sistema democrático.